La Isabela, III: La Jaiba

La obra del “síndico” Ismael Rosa Rivera:
el balneario ilegal y quizás hasta peligroso
La Jaiba es un pueblo construido en las faldas
de una de las lomas que parten de la Cordillera Septentrional. Con una elevación
de 165 metros sobre el nivel del mar (o 544 pies), está, al sur, entre los
históricos Villa Isabela y Estero Hondo. Los caminos (sería un crimen llamarlos
“carreteras”) están, y han estado por mucho tiempo, intransitables, así que para
llegar allí es casi mejor hacerlo caminando, en un caballo, una mula o un burro,
porque hacerlo en un vehículo es casi un abuso —por lo menos para el vehículo.
En este pueblo siempre han sucedido cosas extrañas y absurdas. Así, por ejemplo,
no era extraño encontrar en este pueblo a un hombre, montado en un caballo,
descalzo, haciendo una llamada telefónica, usando un móvil. O ver una casa de
madera, a punto de caerse, con una máquina de lavar ropas (o lavadora).
Ningunas de esas cosas eran tan absurdas como las que han sucedido después que
el pueblo fue elevado a distrito municipal, en septiembre de 2003. Por ejemplo,
el “ayuntamiento” ha estado ubicado, de acuerdo al “síndico” correspondiente, en
dos lugares: en el primer piso de casas de dos niveles, donde el segundo nivel
consistía en ambos casos de una barra de campo --y todo lo que esto conlleva.
Sin ir más lejos, el pasado diciembre, estuvimos por allí de paso, y comprobamos
que mientras en el primer nivel operaba el ayuntamiento durante el día, en el
segundo nivel se rentaban mujeres (“importadas” de los prostíbulos de segunda
categoría de Santiago) por la noche.
Desde su “fundación”, el ayuntamiento ha estado administrado por dos personas:
Ismael Rosa Rivera, entonces miembro del Partido Reformista Social Cristiano
(PRSC), y por Rafael Marcelino Gómez Rivera, entonces miembro del Partido
Revolucionario Dominicano (PRD). Desde esa “fundación”, la administración de la
junta del distrito municipal se convirtió en un “quita y pone”: en una semana,
por ejemplo, el síndico cambió tres veces. En total, en casi tres años, el
ayuntamiento cambió de síndico más de trece veces.
Los cambios, lamentablemente, siempre les costaban a la comunidad –o, por lo
menos, al dinero que debía de llegar al ayuntamiento. Cada vez que había un
cambio, el nuevo síndico tenía que “compensar” a uno, dos o tres regidores para
que lo nombraran. En el caso de Ismael Rosa Rivera, eran tres; en el caso de
Rafael Marcelino Gómez, dos, ya que su esposa, Janet Rivera González de Gómez
(ex candidata a vice síndico por el municipio de Villa Isabela por el Partido
Revolucionario Social Demócrata, PRSD) era regidora.
Durante una de las tantas administraciones de Ismael Rosa Rivera, se compró un
camión rojo para recoger la basura, con el dinero del ayuntamiento –financiado
por al Liga Municipal Dominicana, de ahí el color. Poco después, Rafael
Marcelino Gómez fue colocado de nuevo como síndico: durante un viaje a Santiago,
cargando quesos (porque él tiene una fábrica de queso en uno de los barrios), se
“robaron” el camión. Hasta ahora, nadie sabe qué pasó con el camión. Se lo tragó
la tierra.
A raíz de la tragedia del 25 de octubre de 2005, cuando seis personas murieron
durante la crecida del río El Valle, Amable Aristy Castro, actual presidente de
la Liga Municipal Dominicana (la oficina que administra la enorme cantidad de
dinero de los ayuntamientos, un 10% del presupuesto de la nación) y senador
electo por la provincia de La Altagracia, “donó” un poco más de medio millón de
pesos como ayuda para la compra de solares y construcciones de casas para los
damnificados. Pronto, se cumplirá un año de la tragedia, pero tan sólo están los
solares marcados, y ahora es que informó que la “donación” de Aristy Castro era
un préstamo que la Liga Municipal Dominicana descuenta mensualmente de los
fondos destinados al ayuntamiento de La Jaiba.
Ahora cuentan que en estos días están circulando en el campo varios cheques del
ayuntamiento. Valorados en cerca de dos millones de pesos, dicen que los
protagonistas están negociando para canjearlos: aunque la firma que aparece en
record es la de Rafael Marcelino Gómez, y por ley ésta no puede ser cambiada
entre el 16 de mayo y el 16 de septiembre; Luis Manuel Díaz Corniel (actual
regidor del Partido Reformista Social Cristiano y ex candidato a síndico de la
Alianza Gana por el municipio de Villa Isabela) y su gente nombraron un nuevo
síndico, pero no pueden cambiar los cheques. De ese reparto, uno puede suponer,
al ayuntamiento o a la comunidad de La Jaiba, no le tocará nada.
Desde septiembre de 2003 hasta ahora, al ayuntamiento del distrito municipal de
La Jaiba entró cerca de medio millón de dólares. Sin embargo, en el pueblo hay
sólo dos obras construidas por el ayuntamiento: un balneario (ilegal,
peligroso), obra de Ismael Rosa Rivera, el cual fue destruido por las corridas
del río La Jaiba durante las lluvias de octubre de 2005; y un “parque” a orillas
del río El Valle, obra de Rafael Marcelino Gómez.
Para consolación de algunos, el senador y los dos diputados de la
circunscripción número dos (a la que pertenece La Jaiba), están solucionando el
problema. Tommy Durán, actual senador (hasta el 16 de agosto), y las dos
diputadas que no lograron re-elegirse (Fiordaliza Estévez Castillo, del PRSC, y
Graciela Fermín Nuesí, del PLD), han propuesto que Gualete –ahora parte de La
Jaiba--, sea elevado a distrito municipal. La Jaiba volverá a ser un pueblecito
de menos de 800 votantes (en su mayoría, residentes en Estados Unidos, en
Santiago o en Santo Domingo) y la Liga Municipal Dominicana le dará mucho menos
dinero. Ahora, se cree, ningún regidor podrá pedir un cheque del ayuntamiento de
La Jaiba, el poco de dinero que llegue se repartirá entre los miembros del
partido de turno, no se arreglarán los caminos, no se recogerá la basura y no se
construirán las aceras; pero, por lo menos, uno no tendrá que andar por ahí,
cuestionándose qué hace el síndico con el más de medio millón de pesos que llega
todos los meses al ayuntamiento.

La obra del “síndico” Rafael Marcelino Gómez:
el “parque” a orillas del río
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