PARA UN RETRATO (*)
Mi nombre es Ramón Paredes, pero
la gente siempre me llama por el apellido. No porque descienda de una
familia oficial, sino porque ellos no saben si es un nombre o un
apellido.
Escribo, pero no lo hago porque escriba mejor que quienes no lo
hacen. Lo hago porque no sé hacer otra cosa importante en la vida.
Siempre soñé con ser actor; pero me faltaron la voz, la cara y
la audacia: tengo un rostro extremadamente raro, hablo extraño y para
colmo soy excesivamente tímido.
Bueno, a falta de oficio, escribo a veces; aunque, siempre, me
sale mal. Pero me animo cuando pienso que si fuera actor, quizás la
estaría pasando peor, porque iban a cambiarme la cara. Así que estoy
conforme, y ya no me asusto delante de los cristales o los espejos, por
la costumbre.
Aunque aún tengo algunos defectos irreparables. Como los deseos
de escribir. Y, sobre todo, el mayor: hacerlo muy mal. Pero la vida es
así: te da el sombrero, pero no te da la cabeza.